El sector del lujo ha vivido décadas de bonanza en las que ha crecido a un gran ritmo, viviendo un proceso de expansión que se ha ralentizado en la actualidad. Para hacer frente a este escenario, las marcas cuentan con diversas estrategias, entre las cuales la transformación digital y el interés de las personas actúan como grandes aliados para este cambiante entorno.

Sin embargo, desde 2014 se aprecia cómo el sector ha sufrido un estancamiento. Esta situación ha llevado a ciertas empresas a emprender un proceso de reestructuración que ha afectado tanto a las plantillas como a las tiendas físicas. Un ejemplo que hemos visto es la sobreexposición comercial que ha vivido una reconocida marca como Prada y que ha tenido una clara incidencia en su cuenta de resultados.

Más allá de determinar cómo mejorar los procesos de compra en la Era de Internet, las empresas han de definir una estrategia digital completa dependiendo del tipo de producto y compañía. Así, el entorno abre la puerta a la creatividad y a la utilización de una multitud de tácticas diferentes para diseñar ese comercio digital. Lo que siempre hay que respetar son los principios que definen lo que significa una “organización de lujo” electrónica. El tratamiento estratégico de este desarrollo deberá consistir en entroncar la transformación digital con la estrategia de la empresa y no en centrarse únicamente en el aumento de las ventas.

Frente a la crisis sanitaria y a la desaceleración económica que se vive a causa del brote de COVID-19, el mercado de los bienes de lujo podría caer hasta un 35% este año, esto de acuerdo con el último informe de la consultora Bain & Company.

La caída se debe a que, en diversas partes del mundo, los gobiernos locales tomaron medidas para mitigar la propagación del virus entre sus habitantes. Entre ellas el cierre de tiendas, boutiques, joyerías, tiendas departamentales, entre otros que no son esenciales para la vida cotidiana y cuya operación pondría en riesgo a los empleados como a los consumidores.

El 2020 será recordado como un parteaguas en el mercado de los bienes de lujo y podremos observar su evolución en la nueva normalidad conforme vaya tornándose verde el semáforo epidemiológico.

Todavía no hay manera de medir si el crecimiento online compensará la bajada en los puntos de venta porque aún no se sabe cómo será la respuesta ante el proceso de aperturas del sector. Lo que sí podemos vaticinar, aunque todo es jugar con la varita, es que el canal web se mantendrá más fuerte ya que el consumidor que antes se negaba a utilizar este medio ha sido seducido por las ventajas del mismo.

Sin embargo, el sector del lujo perderá al consumidor medio que, aún sin tener un gran capital, se daba ciertas libertades. Sabemos el daño que ya ha hecho el coronavirus pero no el que se va a mantener en el tiempo.

Cuando hay problemas económicos, la gente tiende a invertir más en lujo porque es un sector seguro y, por lo tanto, es la forma más eficaz de asegurar un retorno en la inversión.

En palabras de Coco Chanel «El lujo es una necesidad que empieza cuando acaba la necesidad»